Moderna y cosmopolita se presta al intercambio y a un mestizaje cultural que se plasma en su patrimonio, los cármenes del Albaicín con su olor a azahar, el arte de las zambras del Sacromonte y el sonido del agua que fluye por sus aljibes y fuentes.

Los contrastes cromáticos anuncian la proximidad del último reino nazarí, donde el blanco de las cumbres se funde con el azul del cielo, el rojo de los muros de la Alhambra y el verde de su fértil Vega, de la que es deudora la popular cocina granadina.

A través de los poemas de García Lorca, los relatos de Washington Irving, los sones flamencos de Enrique Morente y las coplas de Carlos Cano se ha trasmitido la imagen de una ciudad que debe gran parte de su excepcional patrimonio y su concepción urbanística llena de encanto a los musulmanes; pero existe además otra Granada, la cristiana y renacentista elegida por los Reyes Católicos como última morada.

.  Frente a la Torre de Comares de la Alhambra se ubica el concurrido Paseo de los Tristes, con numerosas terrazas y veladores, llenos durante el día y hasta altas horas de la noche en cualquier estación del año.

La Casa del Chapiz, fiel reflejo de la fusión del arte islámico y cristiano, ubicada en la cuesta del mismo nombre, sitúa al viajero en el Albaicín Alto, cuyo corazón se halla en la Plaza Larga. Aquí está presenta la huella de la cultura andalusí, como reflejan los restos de Murallas, los más antiguos de la ciudad, o sus pintorescas puertas; el Arco de las Pesas o la Puerta de Monaita
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